Fundador de la calle vacía,voy por ella como iba por tu cuerpo
y quisiera desprenderme del llanto
para olvidar el nombre de la rosa.
Pero te repito, Chris, toda la noche,
y rebotas –eco doloroso– entre las paredes
hasta clavarte en el corazón de mi angustia,
entonces eres la constancia de mi pena.
Sueño en ruinas, Muerte sin fin:
también soy un sitiado en mi piel.
Extraño pesar que avasalla mi calma,
no la mata y sus alas apenas si se mueven.
Qué rostro tan tuyo el que me persigue,
fatalidad del silencio que calcina,
que hiere y casi asfixia
si dejo entumecer mi maltratado cuerpo.
Sueño en ruinas, vestigio de mi dicha;
el rostro de ti, derruido en mí, por ti,
por haber sido tú la patria de mi fe,
la casa donde entraba al amor.
Pero el rostro de ti ya no es el mío,
hay un gesto que te reclama mi muerte,
el ritual de los olvidados para siempre
bajo la sombra de los almendros.
Y es una muerte que encuentra en la burla
esa manera de vengarse de mí:
me llama –llena de silencio y sin luz–
y al llegar sólo escucho el eco de su risa.
Muerte burlona, me retiene en el dolor,
en la miseria del tiempo sin ti.
Que la tumba sea mi casa, mi refugio;
que mi memoria se apodere de otro cuerpo.
Y sin embargo solo, yo, sólo yo
ante esta soledad tan abandonada,
tan concurrida al abrir mis ojos
y dejar en el sueño mi única esperanza.
Volver a verte, Chris, volver a verte;
romper la puta cadena de mi angustia,
amurallar este cuerpo con tus manos
para ser dentro el que vuelva a sonreír.

1 comentario:
Resulta amigo que debemos aprender a sonreir solos. Y si llega "el fin" que no se diga que no lo intenté.
Que te sirva mi abrazo de cosquillas
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