lunes, 28 de enero de 2008

De la tarde del reencuentro...


Tan blanca es que parece de la espuma,
cuerpo de luz iniciado en el cielo,
estampa de una virgen malherida.,
reconozco en su tacto mi esperanza,
al cadáver de mis lamentaciones.

Sólo del tiempo quedaron cenizas,
antiguos rencores castigados
cuando el brillo de sus ojos se hizo
hacia mí, y me quedé ciego de verla.
Ella sabe convertirme en esclavo.

Nuestros años son polvo entre sus manos,
edades que nos hablaron del tiempo
donde la esperanza nos cobijaba.
Ojos de sal, mirada de huracán
que arrasa con quien se pone a su paso.

Tan blanca es que parece de la espuma,
calma de los que están desamparados
y buscan en el cielo su consuelo.
Es agua de océano recién nacida:
en ella lavan los hombres sus culpas.

1 comentario:

Verónica E. Díaz M. dijo...

"cuerpo de luz iniciado en el cielo"

que baja en ¿bendición? a un simple mortal.

Saludos a su insomnio