jueves, 17 de enero de 2008

Destino


He aprendido a descubrir tu rostro, cada noche, y digo que soy una muestra fiel de la soledad. Esta madrugada es inquieta, se mueve con el viento, con el reloj.
Avanzo a ti como si nunca hubiera abierto los ojos: cansado de pasear por la sala, camino hacia mi habitación oscura. Recuerdo tus pasos, te imito y una ola de angustias me dejan sin movimiento.
“¿Cuándo vendrás a mí, cuándo?” Le pregunto al único retrato tuyo que me dejaste.
Silencio.
Herido del pensamiento trato de mirar. El viento juega conmigo a encontrarte detrás de las cortinas: corro, y al llegar, mi abrazo se queda solo, con un montón de tela enredada en mis manos.
Caigo de rodillas, para qué llorar si mañana ocurrirá lo mismo.

1 comentario:

Verónica E. Díaz M. dijo...

Cuando mi nostalgia se fue desterrada por mi ingenuidad permitió que la invitara de vez en cuando y me dejó un espacio muy grande para la posibilidad...

De tanto pensar, creamos y creemos... Un día, no sé cuando, la van a encontrar.

Un abrazo