
Ella indolente no espera su muerte,
es un aleteo de la vieja gaviota.
Su cuerpo es piedra de llanto
que rueda por la montaña virgen.
Qué sola está su soledad sin ella
que cae siempre al otro lado del mar.
Ella protegida por el océano
se vuelve ola y muere en la rutina,
pero no deja de existir porque regresa
siempre vestida con otra espuma:
revive en la sal y se hace playa.
Ella heredera de la piel del sol,
brilla debajo de todos los cielos
y anda por el mundo volando vientos:
nota quebrada de música ausente.
Sirena indolente la protegida heredera,
ella no sabe morir a tiempo
ni cantar el amanecer de las noches.
No sabe qué sola quedó su ausencia
en este cementerio de recuerdos
en que me he convertido por ella.
es un aleteo de la vieja gaviota.
Su cuerpo es piedra de llanto
que rueda por la montaña virgen.
Qué sola está su soledad sin ella
que cae siempre al otro lado del mar.
Ella protegida por el océano
se vuelve ola y muere en la rutina,
pero no deja de existir porque regresa
siempre vestida con otra espuma:
revive en la sal y se hace playa.
Ella heredera de la piel del sol,
brilla debajo de todos los cielos
y anda por el mundo volando vientos:
nota quebrada de música ausente.
Sirena indolente la protegida heredera,
ella no sabe morir a tiempo
ni cantar el amanecer de las noches.
No sabe qué sola quedó su ausencia
en este cementerio de recuerdos
en que me he convertido por ella.

1 comentario:
Los recuerdos!!! que cosa màs extraña... algo que pasò, pero que mantenemos vivos en nuestra mente, como esos aparatos clínicos que en cualquier momento se desconectan y borran toda posibilidad...
Un abrazo
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